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Muestra s.XXI   Juan CALDERÓN


Juan CALDERÓN







Los interesados pueden encontrar más información sobre los poetas incluidos en esta Muestra Siglo XXI de la Poesía en Español en la base de datos I.R.P.E., actualizada hasta mediados de 2004 y que permite búsquedas paramétricas (36 parámetros) sobre 4700 poetas de la lengua castellana.
Ver detalles en: I.R.P.E. versión 2.0

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  Poetas incluidos
     C
  Análisis Arquetípico
   

BIOGRAFÍA.
Alburquerque, Badajoz (España), 1952. Reside en Madrid. Estudios de Arte Dramático y Música. Poemarios publicados: "Camino ancho, paso desolado" (1977), "Ritos de la memoria" (1993), "Agonía de las estaciones" (1994), "La voz (de Dios) entre el romero" (1997), "Eco de niño para voz de hombre" (2003). Dramaturgo, cinco de sus obras teatrales han sido estrenadas. Se han editado varios discos con sus composiciones, algunos de ellos interpretados por él mismo.

Ficha en el I.R.P.E.: E0689.
Correo electrónico: jcalderonmatador@wanadoo.es


DEPRESIÓN

Ha desplegado el cielo su cortina más negra,
me niega las estrellas, la escalera del sol
para encontrar las luces.

Las calles me golpean. Me refugio en casa
pero también aquí me han descubierto
los monstruos del pasado.
Se sientan a mi mesa dispuestos a humillarme.
Dicen que a mi favor no existe saldo
para acudir al juicio en el que Dios
firmará mi condena. Aseguran
que no aprendí, que no hice nada,
y pasé de puntillas por las cosas,
ignorando los barros y las aguas.

Yo, que fui tan salvaje, hoy me siento potrillo
domado de tristeza, un pájaro asustado
que va dándose golpes en las cuatro paredes
de esta inhóspita caja que es la vida.

La voz del mar me llama como llamó a Alfonsina.
Me llama y yo no acudo porque sé que está lejos
y me aterra el camino,
un río de impotencia para pez sin agallas.

No hay salida,
definitivamente no hay salida.

(Inédito, 2004)


ORDEN DE ALEJAMIENTO

Él llevaba en el rostro un paisaje de niebla,
en los bolsillos del gabán
todo el rencor del mundo agazapado,
en la mano derecha una carta arrugada
con la orden de no acercarse a ella
y en la izquierda un proyecto de muerte.
No lejos, bajo el agua de la ducha,
azuleaba una mujer.
Un golpe de tristeza azotó la ventana
y se instaló en sus ojos, dos lagunas tan negras
como el presentimiento que rodaba
a lo largo del río de su piel.

Los ángeles, que tienen el tamaño
de un grano de maíz,
entraron por el ojo de alguna cerradura.
Volaron sobre ella, queriendo prevenirla,
pero se hallaba absorta en los recuerdos
del mal tiempo pasado
y el hombre hundió en la carne su venganza.
Al verla rebasar
el último peldaño de la vida,
los serafines la elevaron
como si de una gasa se tratara
y pudo contemplar desde lo alto
la acuarela dormida de su cuerpo.

Aún tuvo un instante para ver al amado
fundiéndose en la noche, y ni siquiera entonces
pudo encontrar respuestas al por qué
de tantos años de tortura.

(Inédito, 2004)