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Reseñas Críticas      JOSÉ MANUEL LUCÍA MEGÍAS

TRENTO

Trento,
Levante editori, Bari (Italia), 2010.

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TRENTO

"TRENTO" de José Manuel Lucía Megías (Ibiza,1967) es la octava entrega de su poesía desde que en el año 2000 se estrenó con un "Libro de horas", seguido por "Prometeo condenado" (2004), "Diario de un viaje a la tierra del dragón" (2004), "Acróstico" (2005), "Canciones y otros vasos de whisky (2006), "Cuaderno de bitácora" (2007) y "Tríptico o la cuadratura del círculo" (2009). Se diría que una necesidad de entregarse impone al tiempo físico del poeta la comunicación pública de su cotidiano crecimiento interior, de los desahogos,sueños y proyectos, ambiciones y desencantos de que se compone el tejido mismo de la vida. Los poemas suelen quedarse aislados en el cajón de su escribanía o en el rincón de su más secreta memoria personal que se cancela o reproduce como por partenogénesis hasta que un día cualquiera vienen desempolvados y recogidos bajo un lema común o epígrafes individuales que se abren a la entrega y posible unificación y comprensión del poemario. Un poeta con estas exigencias interiores escribe infinitos poemas instantáneos de noche y de día, fulminantes intuiciones y estados de ánimo que escapan a la autodestrucción, nunca encuentran la letra de molde y le rondan insistentemente en la cabeza. El poeta no está siempre inspirado, se dice. Ni la poesía puede ser comunicada y absorbida como un relato o una fábula, prefiere ser oída y recitada. Elaborando una poética personal desde el Puerto de Santa Maria, José Manuel se dirigía así a la Poesía: "A ti / que te deseo a todas horas con mil voces / para ser, al fin, voz de la mía. A ti, / desnuda de intenciones, de programas,/ de embelesos más allá de la mística"
Con fidelidad a esa poética se sitúa la octava entrega, mejor que poemario o cancionero, elaborada, madurada y macerada por José Manuel en Trento, una ciudad italiana de frontera o ciudad cojín, inmortalada por la celebración de un Concilio "contra la herejía de Lutero en pro de la reforma de la Iglesia", que anunciado en 1524, convocado oficialmente en 1542 y abierto en 1545, se concluyo, tras dos largas interrupciones, el 4 de diciembre de 1563. Trento, que era la sede ideal por tratarse de una ciudad gobernada por un obispo vasallo del Emperador, con de seis mil a ocho mil habitantes, llegó a albergar en 1562 hasta cuatro mil forasteros. Cada prelado se hacía acompañar de consejeros, teólogos y juristas. En 1545 el cocinero del Obispo de Cádiz fue apresado por haber tratado de abusar de una "putta" en la catedral y en una refriega entre españoles e italianos el 12 y 13 de marzo de 1563 hubo 25 heridos, detenida gracias sólo a la mediación del embajador de Portugal, según el diario de Angelo Massarelli.
¿Qué hace en Trento un filólogo cervantista, sobre todo experto en libros de caballerías, que es a la vez poeta? ¿Qué hace en esta ciudad que trató de ser bisagra del mundo germánico con el latino? En la soleada plaza del Duomo, por Via Cavour, Via delle Orfane, Via Pozzo, el poeta camina "sin mirar a nadie. / sin conocer a nadie. / sin saludar a nadie". Del concilio como tal solo podremos individuar una venatura o evocación imaginativa en la "instantánea final 16": "Se oyeron estirarse los pliegues / de su sotana / y sus manos apoyarse en la mesa de madera / y el equilibrio forzado de las velas y de los crucifijos, / de las cuartillas emborronadas con tan solo un nombre". Todo en silencio…, pero siempre "a la orilla del triunfo de la espera".
El poemario Trento es el fruto de una estancia del profesor José Manuel en Trento, como "visiting professor". Los 16 poemas recogidos no llevan rúbricas o titulillos, porque domina un solo título o lema en el frontis, como subtitulo a Trento, ciudad del Concilio, "o el triunfo de la espera", que los hilvana y da al verso un único tono métrico, casi monocorde. Justamente Pietro Taravacci en una nota preliminar, de 9 paginas, observa que "la palabra poética revela su constante aspiración a ser lugar del canto, capaz de albergar toda entera la desazonadora espera". La espera produciría desazón como disgusto, pesadumbre, inquietud interior. El poemario se reduce así a un libro de cantos en un alternarse de sufrimiento, ansiedad, impaciencia y desasosiego. Taravacci,profesor en el mismo ateneo de Trento y agudo crítico y fiel traductor al italiano de José Angel Valente, trata de reconstruir en los siete poemarios de José Manuel un único "yo" poético del poeta, recalcando siempre su condición existencial de vagante, de viajero,de errabundo. Que José Manuel sea un viajero es seguro, yo lo conoci en China en un congreso cervantino. Que sea un caballero andante es tambien cierto. Que desde Trento, que tanto supo esperar para tratar de solucionar problemas que todavía están sin solucionar, el poeta José Manuel haga triunfar a la espera es el mérito principal de su canto. Luis Alberto de Cuenca, otro buen poeta de raices clasicistas, abre un Pórtico del poemario con la constatación de que "en el amor, el ejercicio de la espera es obligado, si es que uno quiere arribar a puerto sano y salvo". Todo en silencio… y del poemario de José Manuel no sabremos en qué consistió el triunfo de su espera trentina. Como con un ritornello que se repita en las 16 instantaneas del poemario, se tiene la sensación de que la espera no se colma nunca, no se realiza, acongoja, es una pesadilla crónica, es decir que su triunfo consiste en no realizarse, mientras que las esperanzas se realizan, porque son accidentales. Como en las canciones de San Juan que necesitan ser "declaradas" o en "los sonetos del amor oscuro" de Garcia Lorca, el amado es un amigo y la espera se hace obsesiva, es la espera de la desesperación. "Nec speraveris sine desperatione, nec desperaveris sine spe",amonestaba Seneca. A "La espera y la esperanza.Historia y teoría del esperar humano" como eje portante de la cultura occidental dedicó en 1956 una densa monografia, nada menos que de la pagina 309 a la 879 de sus "Obras"(Editorial Plenitud,1965) el médico e historiador de la medicina Pedro Lain Entralgo. En ella no estaría de más el poemario Trento de José Manuel Lucía Megías.
No podía por lo pronto encontrar un vestido tipográfico, ni una compañía más consonante que la colección "I quaderni di Abanico" de poetas contemporáneos españoles y latinoamericanos, dirigida por Lucia y Emilio Coco, del editor de Bari Levante. Hace el numero 61 y al "Pártico" de L. A.de Cuenca, representado en la coleccion con los numeros 4, 21, 22, 23 y el ensayo de Pietro Taravacci siguen la fotografía y la biografía del poeta y de la traductora Claudia Demattè, también docente en la Universidad de Trento y estudiosa de libros de caballerías.
(Ver www.ucm.es/BUCM/escritores/jmlucia_megias/obras/obr1185.php)

(José Luis Gotor, Italia, 1.2011)