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Una antología de la Asociación Prometeo de Poesía

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Poesía de Siempre      Emilio BALLAGAS


Emilio BALLAGAS







La antología Poesía de Siempre se ha preparado con 50 poetas de lengua española contenidos en el libro Poetas del pasado, de Juan Ruiz de Torres, más otros seleccionados, ilustrados y comentados por distintos antólogos cualificados, en varios países.

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BIOGRAFÍA.
Camagüey (Cuba), 1910 - La Habana, 1954. Dr. Pedagogía y en Filosofía y Letras. Profesor, ensayista, antólogo, traductor. Poemarios: Júbilo y fuga (1931), Cuaderno de poesía negra (1934), Elegía sin nombre (1936), Nocturno y elegía (1938), Sabor eterno (1939), Nuestra Señora del Mar (1943), Décimas por el júblio martiano en el centenario del apóstol José Martí (1953), Obra poética de Emilio Ballagas (post. 1955; incl. Cielo en rehenes, 1951), Orbita de Emilio Ballagas (post. 1965), Obra poética (póst. 1984). Premios: Nacional (1951), Centenario de Martí (1953). Sobre su obra: Pallas, Rosa, La poesía de EB (1973).


PARA DORMIR A UN NEGRITO

Drómiti mi nengre,
drómiti nengrito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.

Drómiti mi nengre,
mi nengre bonito.
¡Diente de merengue,
bemba de caimito!

Cuando tú sia glandi
va a sé bosiador…
nengre de mi vida,
nengre de mi amor…

(Mi chirivicoqui,
chiviricocó…
¡Yo gualda pa' ti
tajá de melón!)

Si no calla bemba
y no limpia moco,
le va'abrí la puetta
a Visente e'loco.

Si no calla bemba
te va'da e'gran sutto.
Te va 'a llevá e'loco
dentre su macuto.

Ne la mata e'güira
Te ñama sijú.
Condío en la puetta
Ettá e'tatajú...

Drómiti mi nengre
Cara'e bosiador,
nengre de mi vida,
nengre de mi amor.

Mi chiviricoco,
Chivicoquito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.

Ahora yo te acuetta
la'maca e'papito
y te mese suave…
du'ce…depasito…
y mata la pugga
y epanta moquito
pa' que droma bien
mi nengre bonito…


NOCTURNO Y ELEGIA

Si pregunta por mí, traza en el suelo
una cruz de silencio y de ceniza
sobre el impuro nombre que padezco.
Si pregunta por mí, di que me he muerto
y que me pudro bajo las hormigas.
Dile que soy la rama de un naranjo,
la sencilla veleta de una torre.

No le digas que lloro todavía
acariciando el hueco de su ausencia
donde su ciega estatua quedó impresa
siempre al acecho de que el cuerpo vuelva.
La carne es un laurel que canta y sufre
y yo en vano esperé bajo su sombra.
Ya es tarde. Soy un mudo pececillo.

Si pregunta por mí dale estos ojos,
estas grises palabras, estos dedos;
y la gota de sangre en el pañuelo.
Dile que me he perdido, que me he vuelto
una oscura perdiz, un falso anillo
a una orilla de juncos olvidados:
dile que voy del azafrán al lirio.

Dile que quise perpetuar sus labios,
habitar el palacio de su frente.
Navegar una noche en sus cabellos.
Aprender el color de sus pupilas
y apagarse en su pecho suavemente,
nocturnamente hundido, aletargado
en un rumor de venas y sordina.

Ahora no puedo ver aunque suplique
el cuerpo que vestí de mi cariño.
Me he vuelto una rosada caracola,
me quedé fijo, roto, desprendido.
Y si dudáis de mí creed al viento,
mirad al norte, preguntad al cielo.
Y os dirán si aún espero o si anochezco.

¡Ah! Si pregunta dile lo que sabes.
De mí hablarán un día los olivos
cuando yo sea el ojo de la luna,
impar sobre la frente de la noche,
adivinando conchas de la arena,
el ruiseñor suspenso de un lucero
y el hipnótico amor de las mareas.

Es verdad que estoy triste, pero tengo
sembrada una sonrisa en el tomillo,
otra sonrisa la escondí en Saturno
y he perdido la otra no sé dónde.
Mejor será que espere a medianoche,
al extraviado olor de los jazmines,
y a la vigilia del tejado, fría.
No me recuerdes su entregada sangre
ni que yo puse espinas y gusanos
a morder su amistad de nube y brisa.
No soy el ogro que escupió en su agua
ni el que un cansado amor paga en monedas.
¡No soy el que frecuenta aquella casa
presidida por una sanguijuela!

(Allí se va con un ramo de lirios
a que lo estruje un ángel de alas turbias.)
No soy el que traiciona a las palomas,
a los niños, a las constelaciones...
Soy una verde voz desamparada
que su inocencia busca y solicita
con dulce silbo de pastor herido.

Soy un árbol, la punta de una aguja,
un alto gesto ecuestre en equilibrio;
la golondrina en cruz, el aceitado
vuelo de un búho, el susto de una ardilla.
Soy todo, menos eso que dibuja
un índice con cieno en las paredes
de los burdeles y los cementerios.
Todo, menos aquello que se oculta
bajo una seca máscara de esparto.
Todo, menos la carne que procura
voluptuosos anillos de serpiente
ciñendo en espiral viscosa y lenta.
Soy lo que me destines, lo que inventes
para enterrar mi llanto en la neblina.

Si pregunta por mí, dile que habito
en la hoja del acanto y en la acacia.
O dile, si prefieres, que me he muerto.
Dale el suspiro mío, mi pañuelo;
mi fantasma en la nave del espejo.
Tal vez me llore en el laurel o busque
mi recuerdo en la forma de una estrella.


COMENTARIOS
Emilio Ballagas fue uno de los poetas que exaltaron en su patria, Cuba, la poesía afroantillana. Buen ejemplo de ello es el poema "Para dormir a un negrito". A veces acude a la onomatopeya, como sucede con su poema "María Belén Chacón", ubicado también en su poesía negroide: "No fue ladrido ni uña / ni fue uña ni fue daño. / ¡La plancha de madrugada, fue quien te quemó el pulmón, / María Belén Chacón, María Belén Chacón". Ballagas fue rico en estilos y la multiplicidad de sus temas lo presentan como poeta ante todo, porque supo aprovechar las experiencias vividas para escribir versos hondos, a veces de un lirismo impresionante. Tampoco se detuvo ante la creación estética, y no le tembló el pulso cuando tuvo necesidad de acudir a la retórica. Uno de sus sonetos más famosos, "Fuente colonial", lo lleva a dar un ejemplo de rima sintáctica, cuando acude a los vocablos "no las" para rimar con violas. Sin embargo, fue el amor erótico el que le arrancó lo más genuino de su poesía. Cuando le envió a Octavio Paz su poema "Nocturno y elegía", el poeta y polígrafo mexicano le dijo: "El tono romántico, tan punzante, está diciendo a todos cómo, a veces, el camino más lento y difícil, el de la autenticidad, es el único" Ballagas colaboró con las principales publicaciones hispanoamericanas de su época, y en la revista de Avance y Antenas entre otras en su país. Se graduó de Doctor en Pedagogía en la Universidad de La Habana y ejerció el magisterio además de convertirse en un destacado traductor. Ganó el Premio Nacional de Poesía en 1951, con el libro Cielo en rehenes, que posteriormente Cintio Vitier incluyó en la edición de su obra poética, en 1955. (Luis Mario)