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Una antología de la Asociación Prometeo de Poesía

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Poesía de Siempre      Carmen CONDE


Carmen CONDE







La antología Poesía de Siempre se ha preparado con 50 poetas de lengua española contenidos en el libro Poetas del pasado, de Juan Ruiz de Torres, más otros seleccionados, ilustrados y comentados por distintos antólogos cualificados, en varios países.

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BIOGRAFÍA.
Cartagena, Murcia (España), 1907 - Madrid, 1996. Maestra. Estudió Filosofía y Letras. Funcionaria. Narradora, biógrafa, ensayista, dramaturga. Colaboradora literaria en prensa, radio, TV. Poesía infantil. Miembro de la Real Academia Española. Seudónimo: Florentina del Mar. Premios de narrativa: Elisenda de Moncada (1953), Ateneo de Sevilla (1980), Nacional de Literatura Infantil. Poemarios: Brocal (1929), Júbilos (1934), Pasión del verbo (1944), Honda memoria de mí (1944), Ansia de la gracia (1945), Mi fin en el viento (1947), Mujer sin Edén (1947), Sea la luz (1947), Iluminada tierra (1951), Carta a Amanda (1951), Mientras los hombres mueren (1952), Vivientes de los siglos (1954), Empezando la vida (1955), Requiem por Cayetano (1958), Los monólogos de la hija (1959), Derribado arcángel (1960), En un mundo de fugitivos (1960), En la tierra de nadie (1960), Su luz le doy a la noche (1962), Poemas del Mar Menor (1962), Jaguar puro inmarchito (1963), Obra poética 1929-1966 (1967), A este lado de la eternidad (1970), Cancionero de la enamorada (1971), Corrosión (1975), Cita con la vida (1976), Días por la tierra. Antología incompleta (antol. 1977), El tiempo es un río lentísimo de fuego (1978), La noche oscura del cuerpo (1980), Desde nunca (1982), Carmen Conde. Antología (1982), Derramen su sangre las sombras (1982), Brocal. Poemas a María (1984), Del obligado dolor (1984), Cráter (1985), Hermosos días en China (1985), Antología (1985), Memoria puesta en olvido. Antología personal (1987), Una palabra tuya (1988), Carmen Conde y el mar (1992). Sobre su obra: Albert Robatto, Matilde: Eros femenino en la poesía española contemporánea (1996); Luis, Leopoldo de: CC. Biografía, estudio, antología (1982); Gutierrez-Vega, Z., y Gazarián, M.I.: CC de viva voz (1992).


AMANTE

Es igual que reír dentro de una campana:
sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles.
Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo
y yo te transparento: soy tú para la vida.
No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.
No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,
cuando clama la voz en desiertos de llanto.
Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
y el amor se consuela prodigando su alma.
Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.
Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
vamos considerando que la vida..., la vida
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
es, segura, la luz, porque tenemos ojos.
Pero ¿reír, cantar, estremecernos libres
de desear y ser mucho más que la vida...?
No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.


COMENTARIOS
En 1996, acudí con mi amiga Ana Fernández Mallo, por entonces concejala de cultura en Majadahonda, a la Sacramental de San Justo, de Madrid. Era el entierro de Carmen Conde. No era el frío de aquella mañana de enero lo que nos dejó helados: ¿Dónde estaban los medios de comunicación? ¿dónde los compañeros académicos? ¿dónde las autoridades culturales? Pocos de cuantos deberían estar andaban por allí. La primera mujer en ocupar un sillón de la Academia, se iba discretamente, tan discreta como cuando, recién entrada en la docta casa, tenía que irse al aseo público de un bar porque no estaba el Casón de la Lengua dispuesto higiénicamente para las damas. Así se escribe la historia. La que alguna vez firmó con el seudónimo de Florentina del Mar, no sólo fue poeta sino ensayista y novelista. Bibliotecaria de primera hornada, junto con Concha Zardoya, se distinguió desde muy joven por su preocupación por la cultura. Su matrimonio con el también poeta Antonio Oliver Belmás fue fructífero en colaboración e impulso literario mutuo. En su poesía, Carmen Conde, alimentada por un criterio personal de evidente coloración femenina consigue ser diáfana, certera y amable. No debe entenderse esto -habitualmente se hace- como una limitación, sino como una meritoria condición que aporta sin duda a la expresión poética elementos muy interesantes, ajenos en la poesía de los hombres. En su obra novelística alcanzó también un alto nivel literario, con los mismos supuestos estéticos, espirituales y de intensidad humana que en su poesía aunque, sin duda, con una mayor penetración psicológica. Su última etapa, aquejada por el mal de Alzheimer, la obligó a estar muy aislada, lo que ha propiciado un cierto olvido en los años posteriores a su muerte. Está pendiente una actualización en profundidad del conocimiento y los estudios sobre su obra. (Enrique Gracia Trinidad)