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Una antología de la Asociación Prometeo de Poesía

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Poesía de Siempre      Leopoldo LUGONES


Leopoldo LUGONES







La antología Poesía de Siempre se ha preparado con 50 poetas de lengua española contenidos en el libro Poetas del pasado, de Juan Ruiz de Torres, más otros seleccionados, ilustrados y comentados por distintos antólogos cualificados, en varios países.

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BIOGRAFÍA.
Córdoba (Argentina), 1874-1938. Mantuvo una intensa actividad política, que se deslizó por todo tipo de ideologías: fue uno de sus iniciadores del socialismo en Argentina; después, defendió el liberalismo; más tarde, el conservadurismo; y, a partir de 1924, el fascismo. Viajó por Europa y vivió en París. Tras regresar a Argentina, dirigió el suplemento literario de La Nación y fue bibliotecario del Consejo de Educación. Se suicidó en el Tigre, cerca de Buenos Aires. Entre sus obras, Las montañas del oro (1897), Los crepúsculos del jardín (1905), Lunario sentimental (1909), Odas seculares$ (1910), El libro fiel (1912), El libro de los paisajes (1917), Las horas doradas (1922), Poemas solariegos (1927) y Romances del Río Seco (póstumo). (Enrique Valle)


LA BLANCA SOLEDAD

Bajo la calma del sueño,
calma lunar, de luminosa seda,
la noche
como si fuera
el blando cuerpo del silencio,
dulcemente en la inmensidad se acuesta.
Y desata
su cabellera
en prodigioso follaje
de alamedas.

Nada vive sino el ojo
del reloj en la noche tétrica
profundizando inútilmente el infinito
como un agujero abierto en la arena.
El infinito,
rodado por las ruedas de los relojes,
como un carro que nunca llega.

La luna cava un blanco abismo
de quietud, en cuya cuenca
las cosas son cadáveres
y las sombras viven como ideas.
Y uno se pasma de lo próxima
que está la muerte en la blancura aquella,
de lo bello que es el mundo
poseído por la antigüedad de la luna llena,
y el ansia tristísima de ser amado
en el corazón doloroso tiembla.

Hay una ciudad en el aire,
una ciudad casi invisible suspensa,
cuyos vagos perfiles
sobre la clara noche transparentan,
como las rayas de agua en un pliego,
su cristalización poliédrica.
Una ciudad tan leja,
que angustia con su absurda presencia.

¿Es una ciudad o un buque
en el que fuésemos abandonando la tierra,
callados y felices
y con tal pureza,
que sólo nuestras almas
en la blancura plenilunar vivieran?

Y de pronto cruza un vago
estremecimiento por la luz serena.
Las líneas se desvanecen,
la inmensidad cambiase en blanca piedra,
y sólo permanece en la noche aciaga
la certidumbre de tu ausencia.


COMENTARIOS
Si Lugones no hubiera dispersado su imponente actividad de continuo, queriendo serlo todo en el panorama literario argentino, su capacidad le habría llevado posiblemente a las cimas más altas de la poesía de la lengua; pero, no pudiendo ser, lógicamente, más que como era, Lugones pasó como un rayo por varias posturas estéticas, desde su primer Modernismo (recibió grandes alabanza de Darío) cuyas ataduras teóricas superó pronto, a muchas otras posiciones caleidoscópicas que seguramente restan valor a su obra total. Pero entre tanto, su contradictoria actitud vital: del socialismo a la extrema derecha, del ateísmo al catolicismo, provocan escándalo y rechazo hacia un hombre que había sido admirado sin condiciones por todos, y que finalmente se quitó la vida. Tuvo una prodigiosa capacidad de trabajo y una peligrosa facilidad para versificar: alguien alabó su habilidad para tomar un metal vil y transformarlo en precioso, lo cual hacía de él 'un falsificador'. Su obra (debemos recordar de entre de sus muchas publicaciones, su excelente Lunario sentimental, de 1909) ha tenido mucha influencia en los escritores contemporáneos; su validez final, debe ser juzgada por el futuro. (Juan Ruiz de Torres)