www.prometeodigital.org

Una antología de la Asociación Prometeo de Poesía

Portada ] Mapa/Contenido ] Nosotros ] AIP ] APP ] Novedades ]

Poesía de Siempre      José Asunción SILVA


José Asunción SILVA







La antología Poesía de Siempre se ha preparado con 50 poetas de lengua española contenidos en el libro Poetas del pasado, de Juan Ruiz de Torres, más otros seleccionados, ilustrados y comentados por distintos antólogos cualificados, en varios países.

Inicio sección
  Presentación
  Poetas incluidos
    S
  Antólogos
   

BIOGRAFÍA.
Bogotá (Colombia), 1865-1896. Nació en seno de una familia acomodada y estudió en colegios privados. En 1885 viajó a Europa. Conoció a Oscar Wilde y Stéphane Mallarmé. Al morir su padre, regresó a Bogotá para atender el negocio familiar, que terminó quebrando. La muerte de su hermana Elvira en 1891, le provoca un enorme abatimiento y sus amigos logran que el Gobierno le conceda el cargo de secretario de legación en Caracas (1894). A su vuelta, naufragó el barco en que viajaba, perdiendo gran parte de sus escritos. Ya en Bogotá, intentó sin éxito rehacer sus negocios y, al fracasar, se sumió en una desesperación que acabaría llevándole al suicidio el 23 de mayo de 1896. Su obra poética se publicó en una edición póstuma en El libro de versos (1923). (Enrique Valle)


NOCTURNOS
(III)


Una noche,
una noche toda llena de murmullos, de perfumes y de músicas de alas;
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
a mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida,
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
por la senda florecida que atraviesa la llanura,
caminabas;
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca;
y tu sombra,
fina y lánguida,
y mi sombra,
por los rayos de la luna proyectadas,
sobre las arenas tristes
de las sendas se juntaban,
y eran una,
y eran una,
y eran una sola sombra larga,
y eran una sola sombra larga,
y eran una sola sombra larga...
Esta noche,
sólo el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma por el tiempo, por la tumba y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
mudo y solo
por la senda caminaba...
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chirrido de las ranas...
sentí frío. Era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas.
Era el frío del sepulcro, era el hielo de la muerte,
era el frío de la nada.
Y mi sombra,
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola,
iba sola por la estepa solitaria;
y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de murmullos, de perfumes y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh, las sombras enlazadas!
¡Oh, las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de la almas!
¡Oh, las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas...!


COMENTARIOS
Si es tópico hablar de 'muerte prematura', 'vocación interrumpida', 'genio truncado', no lo es en el caso de este gran poeta colombiano, que de haber vivido más allá de los 31 años, con seguridad habría dado muchas páginas gloriosas a la poesía en español. Basamos esta afirmación en que la biografía de Silva nos muestra a un hombre que se preocupó de formarse sólidamente: después de imitar a los románticos y a sus sucesores, entre ellos a Bécquer, y de conocer a fondo lo que traían los modernistas, decidió que de aquellos tomaba la disposición, de éstos la musicalidad pero no la afectación, y añadió de su cosecha un inimitable tono elegiaco, una estructuración poemática completamente nueva y sutil. Su estrella vital, desgraciadamente, no le fue propicia; arruinado el negocio familiar, muerta su hermana adorada (no hay mucho fundamento en las acusaciones de incesto que se le hacen), perdidos sus originales en un naufragio, decidió poner fin a su vida en un momento de desesperación e impotencia. Y aunque de él dijo Unamuno que su delicadeza haría que fuese olvidado, nadie que lea sus estremecedores Nocturnos (que tienen evidentes reminiscencias de Poe) podrá hacerlo. (Juan Ruiz de Torres)