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DE POESÍA


Esta sección presenta
estudios, ensayos y comentarios sobre poesía en general o sobre aspectos o poetas individuales. Los trabajos deben remitirse a la dirección
appmadrid@yahoo.es  
Asociación Prometeo de Poesía
Apartado 7285
28080 Madrid (España)

cinco trabajos

 

Homenaje a Concha Zardoya
por Fina de Calderón
Homenaje a Concha Zardoya
por Leopoldo de Luis
Literatura y política en la vida de José Martí
por José López Martínez
En la muerte de un poeta
por José López Rueda
El endecasílabo italiano
por Juan Ruiz de Torres

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1. HOMENAJE A CONCHA ZARDOYA

Hoy vamos a rendir homenaje a una gran poeta: Concha Zardoya. Sentimos que, debido a problemas de salud, nos prive de su presencia, simbolizada por estas rosas.
¡Cuántas veces te llamé, querida Concha, para que prestigiaras un "Miércoles de la Poesía" y al fin hoy, con Juan Ruiz de Torres, que puso tanto empeño en su celebración, y unidos a tus numerosos adictos, hemos coincidido en festejar este acto de amor, acto salido del alma a la poesía que tú representas! Y esto lo avalan, junto al agregado cultural de la Embajada de Chile, Don José Cayuela, los poetas José Javier Aleixandre, Joaquín Benito de Lucas, Soledad Cavero, Elena Diego, Leopoldo de Luis, Sergio Macías (también por la Embajada de Chile), Carlos Murciano y el mencionado Juan Ruiz de Torres.
Igualmente, se suman al acto otros poetas situados en la sala, como Carlos Alvarez, Pilar Aroca, Carmina Casala, José López Rueda, Stella Manaut (ahijada de Concha Zardoya), Angela Reyes, Carmen Rubio Milagros Salvador y muchos otros, de quienes esperamos hoy la lectura de un poema de nuestra querida Concha Zardoya. Te envían, asimismo, sus testimonios de admiración los poetas Luis Alberto de Cuenca, Santiago Castelo, Rafael Morales, Luis López Anglada y muchos otros. Aunque son conocidos los detalles de la vida de Concha Zardoya, me parece oportuno evocar algunos de sus aspectos. Concha Zardoya nace en la ciudad de Valparaíso (Chile) el 14 de noviembre de 1914, de padres españoles. Cuando cuenta diecisiete años, la familia se traslada a España, primero en Zaragoza, luego en Barcelona. Finalmente, se instala en Madrid, donde ella inicia sus estudios de Filosofía y Letras, abandonándolos por estudiar un curso de Biblioteconomía en Valencia y, tal vez, por el estallido de la guerra civil, contienda en la que fallece su único hermano Alfonso. Allí trabaja en Cultura Popular junto a José Manaut, padre de Stella Manaut que nos acompaña, y en esa institución organiza una biblioteca y muchos actos culturales en hospitales, en fábricas y en la radio.
Fina de Calderón

Texto íntegro


 

 

 

 

 

 

2. HOMENAJE A CONCHA ZARDOYA

Entre Pájaros de Nuevo Mundo y Alrededores míos desfilan en formación lírica más de treinta libros de Concha Zardoya. Algunos son absolutamente significativos: La hermosura sencilla, Corral de vivos y muertos, Debajo de la luz... Pero resulta imposible sintetizar en breve espacio una obra tan ingente. Me limitaré a formular tres notas:
Una, en torno al libro La hermosura sencilla, otra en relación con el libro Los engaños de Tremont y, la tercera, sobre un aspecto general.
Concha Zardoya es nuestra gran poetisa de posguerra. Puede ponerse a Carmen Conde, pero es anterior. Quizá se recuerde a Ángela Figuera, pero es posterior. Concha pertenece con exactitud a la primera generación de esa posguerra: su primer libro aparece en 1946. La primera observación que señalo es de 1953. En un libro de tal año se inaugura por Concha lo que llamaríamos la poesía de la cotidianidad. Tema que va a instalarse en el panorama de la época. La actitud del poeta frente a la poesía misma cambiaba: se abandonaron las torres de marfil y se amortiguaron las delicuescencias narcisistas. Nos inclinábamos por una poesía de la vida en común, de las realidades acuciantes, de las cosas sencillas. Una belleza sorda, paradójicamente una belleza fea, del vivir cotidiano. Concha fue su madrina: La hermosura sencilla. Cosas elementales, vulgares. Esas que como satélites humanos giran en torno nuestro: una silla, una jarra, una mesa, una lámpara... También aquello en que se apoya la vida de lo inmaterial e interior: una música, una muñeca, unas cartas, unas flores... Incluso los paisajes a los que nos asomamos a diario. Dicho de otra manera: la vida en torno y nuestra vida íntima, la vida solidaria con nosotros mismos y nuestros semejantes.
Leopoldo de Luis

Texto íntegro


 

 

 

3. LITERATURA Y POLÍTICA EN LA VIDA DE JOSÉ MARTÍ

A José Julián Martí Pérez, que éstos eran sus nombres y apellidos completos, se le conoce, tanto o más que como poeta y escritor, como el apóstol de la libertad cubana y, por extensión, de la Hispanoamérica revolucionaria. Cierto que no era de soldado ni de guerrero su vocación primigenia, como muchos han creído, sino la de un escritor de muy acendrada sensibilidad, de espíritu conciliador y tolerante, y de una gran disposición en el manejo de la lengua castellana. Esto escribió en abril de 1870, cuando tenía sólo 17 años: "Si España no rompe el hierro que lastima sus rugosos pies, España estará para mí ignominiosamente borrada del libro de la vida. La muerte es el único remedio a la vergüenza eterna. Despierte al fin y viva la dignidad, la hidalguía antigua castellana. Despierte y viva, que el sol de Pelayo está ya viejo y cansado, y no llegarán sus rayos a las generaciones venideras, si los de un sol nuevo de grandezas no le unen su esplendor". Como puede apreciarse por estas palabras, por esta manera de entender la decadente realidad española de aquel tiempo, José Martí nos recuerda a otros españoles como el sevillano Blanco White o el filipino José Rizal.
Sin lugar a dudas, un gran escritor y poeta fue José Martí. Y periodista de afilada pluma, de talante abierto y rompedor. A Martí, como quería Gastón Baquero, hay que leerle sin prejuicios, objetivamente, como se lee a los clásicos: "En los primeros años de la República"·, escribe Baquero, "algunos críticos españoles, como Navarro Ledesma, veían literalmente con malos ojos al cubano; hubo que llegar a Unamuno para que alguien descubriese en España la enorme estatura literaria de José Martí. Verdad es que Unamuno fue uno de los contados españoles que se felicitaron por la pérdida de las colonias". Demasiada sangre derramada en una empresa que estaba perdida por los nuevos dictados de la Historia. Era aquélla una batalla del adulterado quijotismo español contra los molinos de viento. Pero, por otra parte, repito, "Unamuno advirtió de la fuerza tremenda de lo que literariamente produjo Martí, y sintió la vitalidad, el vigor de cuanto escribía aquel hombre, como había sentido esa misma vitalidad en los escritos de Montalvo y de Sarmiento".
José López Martínez

Texto íntegro


 

 

 

 

 

4. EN LA MUERTE DE UN POETA

Este año de 2003 se nos ha llevado a Luis Jiménez Martos, una de las figuras más entrañables de la poesía española. Nacido en Córdoba en 1926, forma parte de esa pléyade de excelentes poetas que ha dado la ciudad del Guadalquivir en la segunda mitad del pasado siglo XX. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada, nuestro bardo hizo ya sus promeras armas como editor de poesía en las revistas Veleta y Arkángel y en 1955 se trasladó a Madrid buscando espacio mayor para su vocación literaria. Con 29 años a la sazón, tuvo la fortuna de encontrar un trabajo de tipógrafo corrector en la Editorial Aguilar a la que dedicaría, en puestos de alto nivel, gran parte de su vida laboral. Durante doce años, dirigió los sucesivos tomos de la Antología de la poesía española que la famosa editorial sacaba anualmente al mercado librero. Toda su vida ejerció labores de crítico en periódicos y revistas. Sus primeras colaboraciones madrileñas en este campo fueron para la Estafeta Literaria y para Ágora, la revista que financiaba la hoy injustamente olvidada Concha Lagos con la ayuda del narrador Medardo Fraile, quien fungía como director. Tengo que agradecer a Jiménez Martos el haber sido el primero en publicar en España una reseña - aparecida en Ágora - de mi primer poemario, Soledad y memoria, el mismo año de su aparición que fue en 1958 en Cuenca del Ecuador. No conocí personalmente a Luis hasta que en la década de los 90 me lo encontré en la Asociación Prometeo de Poesía de la que fue asiduo colaborador durante tantos años. Son memorables los textos de su sección "Punto de mira" que iniciaban la Carta de la Poesía, y las entrevistas que venían a continuación, donde Luis hizo posible que numerosos poetas dieran a conocer su experiencia como creadores y sus ideas sobre la poesía. Sólo le oí recitar una vez y fue en el sótano de La Bentaiga, de tan grata recordación para las prometeas y los prometeos. De los textos que leyó, me impresionó vivamente uno titulado Cante de madrugada en que un cantaor rivaliza con el rumor del mar y el poeta acaba diciendo emocionado: y la pena del hombre / le podía al mar, / le podía / al mar. José López Rueda

Texto íntegro


 

 

 

5. EL ENDECASÍLABO ITALIANO

Hacia el siglo XV, llegó a la lírica española un verso extraño a nuestros usos: el endecasílabo. Nacido en Italia, hicieron pruebas titubeantes de su uso nuestros Marqués de Santillana y Juan de Mena, entre otros. Los resultados no fueron concluyentes: junto a versos elegantes y llenos de empaque, otros disonaban, porque no obedecían elementales leyes de la fonética. Tuvieron que llegar Boscán (aunque sus versos son también duros a menudo) y Garcilaso, que dominó su estructura. El Siglo de Oro se entregó con entusiasmo a su cultivo, y muchos poetas consigueron extraordinarios logros, desde Góngora y Quevedo a Herrera o el mismo Cervantes, que tiene sonetos nada desdeñables. Hoy día sigue su empleo, tanto en América como en España, y casi todos los poetas connotados le han rendido culto.
El problema es que no basta con que un verso tenga 11 sílabas ("fónicas") para que sea un endecasílabo de metro italiano. Ha de obedecer a algunas, muy pocas pero exigentes reglas: - todos los endecasílabos tienen (como todos los versos castellanos) acento en 10ª sílaba;
- no puede haber jamás un acento en la 5ª o en la 7ª sílabas, o habrá una segura pérdida de eufonía;
- el acento básico (o constituyente) debe recaer en la sílaba 6ª (endecasílabos propios);
- para dar diversidad al poema, puede haber endecasílabos impropios ocasionalmente (acento en 8ª);
- una buena composición endecasílabica (y las hay muy variadas, no sólo sonetos) debe jugar, dentro de las reglas anteriores, con las muchas posibilidades de acentuación que se exponen más abajo: nada menos que 28 diferentes.
- en un poema de "metro italiano" pueden emplearse versos de 7, de 9, de 11 y de 15 sílabas, e incluso combinarlos con otros más breves, sobre todo tetrasílabos, aunque (abajo se verá) no hay grave pérdida de eufonía si hay versos de 2, de 3, de 5 y aún de 6 sílabas.
Por supuesto, se pueden escribir poemas con otros tipos de versos, pero en general no tendrán la eufonía del metro italiano. Se salvan los poemas en metros hexasílabo, octosílabo, algunas combinaciones de versos de 10 y de 12 sílabas (pocas en verdad), decasílabo y dodecasílabo. Pero es difícil (no imposible) combinarlas entre sí y conservar la eufonía.
Juan Ruiz de Torres

Texto íntegro

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