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Ante el primer bostezo del día se sonroja
relaja músculos y cimientos
bajo la mullida luz
regresa al calor de la cobija humana
como sus nietas y abuelas
como la primera que fue y que es
Al tacto de un vuelo fugaz
se baña con la tibieza de un sueño
que la multiplica en racimos infinitos
y cubre su piel de estrellas
mientras madura la inmensidad del día
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