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La bestia lleva en brazos a la bella,
su aliento es el de fiera enamorada.
Dulcemente,
la deposita sobre el lecho,
el dosel se estremece.
Hubiera sido una exquisita historia
de amor para películas y libros,
si pasada la noche y el cansancio,
la bella hubiera madrugado
antes de que la bestia
sintiese un hambre tan atroz.
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