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Del firmamento zarpan amapolas
interpretando un vals al rojo vivo.
No puede haber encuentro más festivo
que este rito danzando ante las olas.
Vuelan arreboladas caracolas
y el viento también baila ya cautivo,
y canta y vibra alegre, expectativo,
y sonroja la mar, y sueña a solas.
La mañana se entrega, va tranquila
y allá, en la nave azul entre milenios
se inspira el Hacedor, firma rotundo.
La luz de un paraíso se perfila,
descienden esplendores primigenios
y nace la ilusión: un nuevo mundo.
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