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El mundo está como preso en una flauta de caña.
Y hasta a veces el perfume de un bosque se hace oír.
Tal vez en secreto duerma el río,
pero llega un momento en que se anuncia
como evocación de una antigua tormenta.
En la ilegible claridad de la mañana
los pájaros se expresan más alto todavía.
Así también alguien, por ejemplo, entra,
se acomoda en su propio interior como en una
matrioska:
y cada vez más pequeño, más parecido a sí mismo, oye
la voz del ser para la que el oído estorba.
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