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Vino como la sombra o como el fuego
que todo lo marchitan. Como el grito
que todo escandaliza. Como el rito
del ajedrez, que es guerra pero es juego.
Nadie supo decir cómo sus formas
quebraron el espejo. Cómo el ojo
de tanto Sol herido y tanto rojo
pudo incendiar crepúsculos y normas.
Todos guardan silencio. Nadie cuenta.
Pero su nombre vive en la memoria
del pueblo que no es voz, luz, ni tormenta.
En sus manos gestaba la victoria.
Sólo Dios la recuerda, cenicienta,
en un cuarto vacío. Sin historia.
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