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Una mujer se contempla en su espera:
lleva dentro la calma del vacío.
Su corazón,
desgastado en renuncias,
se rinde.
Fue dejando su alma en vejaciones,
y, en pugna entre razón y sentimientos,
perdió su dignidad.
Ahora aguarda,
vencida la ilusión en su mirada,
que él regrese al hogar,
derrochado en caricias,
marcado por la entrega en otro cuerpo.
Espera,
sabedora de todo,
un dudoso te quiero...
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