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DIOS HIZO
efímero
al hombre
en un instante
eterno.
Al herirse el costado anidaron dos rosas
en sus ojos
y acompañó a su sangre
un aleteo de buitres que intentaron asirlas
entre gritos.
Dios vive de nacer entre los hombres
si al observar su llaga ven las flores más rojas
y espantan a las aves
a costa de su vida.
Luego vendrán los hombres que traen un buitre al hombro
y no creen en las flores porque no hay sol en lo alto.
La noche los alumbre con sus sombras.
Al igual que las flores, el hombre
proporciona su perfume
cuando muere.
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