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Acaba de pasar el viento.
Más muertos,
por cada vez que pasa.
Una montaña enorme de muertos prematuros,
-así como una guerra civil de dos españas-,
esta mansión de sombras, sin fortuna,
y luces olvidadas,
de ayeres correosos, y de tanto
desvalimiento con que abrazan,
esta montaña impropia, residencia
de tantas, y otras tantas,
ha de sufrir más vientos todavía.
Y habrá más muertos sobre sus espaldas.
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