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Un árbol bastaría,
un artefacto aéreo y abundante,
una edificación desordenada de ramas y cortezas,
un tobogán de jugos y pertrechos agitándose.
Una palabra bastaría para crear el árbol,
el giro de un báculo creciente,
un diapasón de gajos,
un sol abriéndose.
El árbol como una fuente,
como una tempestad de tinta caminando,
el árbol como el libro que navegamos entre todos.
En la ventana,
una tela mojada por el aire que la traspasa.
Al norte una mirada.
Un árbol agitándose, volviendo a la semilla.
las piernas del titán enarbolándose.
Apenas digital,
la luz entra en la tierra y en el aire,
en la mañana entera.
Algo parecido a un árbol bosteza en mi ventana.
La tempestad está en la sangre,
en la garganta,
en la tormenta que se bate contra los cristales.
En la ventana,
los ojos pueden tocarse con los ojos.
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