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Simplemente se asoma en el balcón
de su casa o recorre
las calles,
no importa de qué aldea o populosa
ciudad,
y enseguida se le colman los ojos
de variedades múltiples de seres
humanos, ofreciéndole
diversísimas formas
de hacer la vida.
Formas
que van de acuerdo
con la raza, el color, el sexo,
la ocupación, la edad,
los intereses,
la fortuna, el amor,
los fracasos también,
las deficiencias...
Sólo con observar cómo se mueven,
qué firme o vacilante es su figura,
qué luz o sombra asoma en su mirada,
se extienden hasta limites inmensos
la lista o el catálogo
de la diversidad.
¿De qué otro modo
podrían ser los seres
humanos?
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