|
Cousteau se asoma,
el mar ha estado abierto,
diagonales amarillas desde el sol
liberan paraísos en la superficie;
miles de cardúmenes se llevan
el alma de los marineros
hacia las tierras sumergidas del viento.
Los fósiles espirituales del universo
quedan suspendidos en el vaivén
entre las orcas y las mantarrayas.
El sol de la tarde navega por Cousteau
a través de junio para siempre
y los libros sobre el océano crecen en mi alma.
Más que las estrellas, dijo el viejo,
es el mar el que marcó secretos en el tiempo.
El buzo no tiene fin en la mirada
bajará seguido por la luz
hasta el último abanico de la vida.
|