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RESEÑA Y CRÍTICA

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Navegación de tres siglos. Antología básica de la poesía venezolana
por José López Rueda

Madre Selva
por Enrique Viloria Vera

Si llega enero
por Enrique Valle

DIRECTOR
DE LA SECCIÓN

Juan Ruiz de Torres

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1.

Navegación de tres siglos. Antología básica de la poesía venezolana

Autor:Joaquín Marta Sosa
Fundación para la cultura urbana, Caracas, 2003.

El poeta venezolano Joaquín Marta Sosa acaba de publicar en Caracas una extensa Antología de la poesía venezolana desde sus orígenes a nuestros días. La selección se inicia con textos de los poetas fundadores Andrés Bello ( 1781-1865), Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892) y Francisco Lazo Martí (1901). Prosigue luego con los iniciadores de la vanguardia, entre los cuales destaca ese raro que fue José Antonio Ramos Sucre (1890-1930), cuyos poemas en prosa son realmente insólitos en el mapa general de la poesía hispanoamericana de su tiempo. En el grupo de los poetas teluristas destacan los textos de Vicente Gervasi, cuya obra, según afirma rotundamente Marta Sosa, "hasta nueva orden, es la capital en la poesía venzolana". Si la preocupación por la tierra es una veta fundamental en la mina de esta poesía, la religiosidad no es menos importante. Así nos encontramos en las páginas de la Antología textos de Fernando Paz Castillo (1893-1981), a quien se considera todavía el maestro entre los cultivadores de los temas religiosos y metafísicos. Aunque los registros de Juan Liscano (1915-2001), uno de los grandes creadores de la poesía venezolana, son muy variados, Marta Sosa selecciona para su florilegio poemas de contenido ontológico-religioso. El comprensivo y desprejuiciado criterio de Marta Sosa dedica un justiciero espacio a unos poetas muy estimables que el nuevo y riguroso "academicismo al revés" del supervanguardismo venezolano (hay que estar a la última) excluye con sonrisa de suficiencia. Y me refiero sobre todo a Andrés Eloy Blanco, cuyo talento versificador y capacidad de llegar al pueblo ya quisieran muchos de los superferolíticos consagrados actuales. La preocupación por el lenguaje y por la estructura del poema - una constante en la poesía venezolana desde Bello - se intensifica en otro grupo de bardos entre los que destacan Juan Sánchez Peláez, Eugenio Montejo y Rafael Cadenas, "el alfarero de los poderes de la palabra y para muchos, el más sobrecogedor de nuestros poetas vivos". Entre fines de los 60 y principios de los 70 surge una corriente de poesía deslenguada, irreverente, revolucionaria, de gran fuerza expresiva. Entre sus cultivadores representados en la Antología, destaca, sobre todo, Víctor Valera Mora (1935-1984) cuyo más célebre poemario es Amanecí de bala (1971), de título sobradamente significativo. Marta Sosa nos ofrece una muestra amplia y significativa de la poesía de los 80 cuya selección le ha debido de ser ardua, ya que las voces son muy variadas, lo que evidentemente dificulta la escogencia. Quizás el denominador común de todos estos bardos sea el gusto por el lenguaje conversacional y la preocupación por los temas urbanos. Los mejores de estos poetas se iniciaron en los grupos Tráfico y Guaire que en un principio fueron talleres literarios. El lema de Tráfico transformaba paródicamente el célebre verso de Gervasi: De la noche venimos y hacia la noche vamos en De la noche venimos y hacia la calle vamos, que resume bien la actitud de los poetas mencionados, quienes, como dice uno de ellos, Rafael Arraiz Lucca (1959), "apostaban por un discurrir que atendiendo a la realidad urbana y al habla común, trascendiera y llegara más allá del círculo de iniciados sin sacrificar nada: ni de su profundidad ni de su lujo verbal". Finalmente, es importantísimo señalar la importancia que da Joaquín al surgir de la poesía femenina en Venezuela, obviamente paralelo al de otros lugares del mundo hispánico. Para el antólogo, se trata de "una poesía terriblemente biográfica y turbadora en sus atrevimientos expositivos", frase que, serviría también para definir muchos textos de mujeres poetas en España y en Hispanoamérica. Entre las autoras representadas, mencionaremos a Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962), Luz Machado (1916-1999), Elizabeth Schön (1921) y Hanni Ossot (1946-2002), fallecida el último día de 2002, el mismo día en que Joaquín Marta Sosa redactaba las notas de su retrato poético. A ella, voz mayor de la poesía venezolana, le dedica su Antología.

José López Rueda


 

 

2.

Madre Selva

Autor:Alfredo Pérez Alencart
Col. Fray Luis de León, Trilce Ediciones, Salamanca, 2002.

Genuinos y auténticos asombros depara la lectura de este poemario del escritor peruano-español Alfredo Pérez Alencart. Los asombros tienen una doble fuente inspiradora, provienen, por un lado, de "alegrías albergadas", y, por el otro, se confunden con "raciones afortunadas de febril tierra verde" del propio poeta. Asombros disímiles y convergentes, encuentro lúdico de ágapes asombrados y asombrosos con la necesaria celebración de centenarios de lejanas y recordadas tierras, aguas y bosque de un Perú recóndito e insondable que "la memoria filtra y mitifica, reordena y añade".

Enrique Viloria Vera


 

 

 

3.

Si llega enero

Autor:Soledad Velázquez
Col. Palabra Nuestra, A.P.P., Madrid, 2003, 28 p

Después de una larga espera, Soledad Velázquez finalmente ha dado el paso y se ha atrevido a publicar de forma individual su escasa pero intensa creación poética. Si llega enero es una plaqueta en la que se encuentra gran parte de su obra poética. Una breve muestra, claro está; pero es seguro que cuantos lean esta serie de poemas, si de verdad, como dicen, aman la poesía, se sentirán obligados a animar, incitar, exigir a Soledad que siga escribiendo, y que escriba más. Su poesía no pertenece a la especie común del artificio preciosista o del recurso retorcido. Las imágenes son deslizantes, como quien no quiere la cosa, pero dentro de un clima enormemente envolvente y que penetra por los poros. La atmósfera intimista no se reduce a un mirarse el ombligo y ya está, sino que refleja una especie de vértigo sosegado o sosiego vertiginoso que va más allá de la archiconocida frase "lo que sentimos todos" para convertirse en una intuición de algo mucho más profundo y oscuro. En resumen, podemos decir que la poesía de Soledad Velazquez, al margen de otras consideraciones, es auténtica poesía, algo que, desgraciadamente, no es nada habitual.

Enrique Valle

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